Si lees suficientes noticias, seguro que verás historias en las que un evento causa daños significativos. Un suceso reciente fue el derrumbe de un andamio, que se cobró la vida de tres personas y dejó dos heridos.
Lea el informe inicial anterior; también podría pensar que el andamio falló repentinamente y sin previo aviso. Este tipo de incidentes ocurren, aunque rara vez.
Pero si analizamos sus causas, los fracasos de alto perfil suelen venir acompañados de alguna advertencia: señales detectadas con mucha antelación de que las condiciones eran difíciles o de que había problemas.
En este evento, el informe indicó que:
- Se estaban llevando a cabo operaciones simultáneas con grúa.
- El suceso ocurrió poco antes de las 2 am.
- Cientos de trabajadores estuvieron en el lugar las 24 horas del día.
En cuanto a lo que salió mal, según un informe posterior, “Había una carga en la grúa que evidentemente falló, la carga cayó y golpeó el andamio de la plataforma y provocó que este se inclinara”.
Puede parecer una crítica de lunes por la mañana, pero una pregunta justa que siempre debemos hacer después del hecho es: "¿Hubo señales de advertencia que, si se tomaron en serio, podrían haber ayudado a prevenir este incidente?"
Esta pregunta plantea una segunda pregunta sobre las condiciones y los eventos menores que tienen pocas consecuencias: ¿la ausencia de consecuencias significa que no deberían tomarse en serio?
La respuesta es obvia, ¿verdad? Que no haya pasado nada malo no significa que no haya podido pasar nada malo, ni que no vaya a pasar en el futuro.
Esa pregunta es fácil. La pregunta difícil es cómo decidir qué eventos o condiciones menores deben tomarse en serio.
Paul Balmert
Junio de 2025
